¿Alguna vez te has sentido leído?

 

¿alguna vez te has sentido leído?

A veces te conviertes en narración y no te das cuenta. Tus acciones cuentan como historias y está bien. Otras, te vas escribiendo porque alguien te lee.

Esta es mi historia, la historia dentro de la historia. La niña a veces mujer, a veces ogro y malvado.
Imagina que el lenguaje se multiplique dentro de sí mismo. Es como si de una palabra nacieran millones de significados y al mismo tiempo dentro de cada letra se abrieran más universos dotados de sentido.
Es difícil recordar cuando lo conocí, pero si que recuerdo cuando se fue.

Me acuerdo perfectamente porque en ese instante descubrí que no era más que un personaje de ficción.

Sí, un personaje.

Un personaje creado al mismo tiempo de ser leído.

Obra de una lectura construida a través de unos ojos ajenos que van tejiendo y componiendo.

Ni mis mañanas, ni mis días, ni siquiera mis pensamientos eran míos yo sólo hacía parte de su narración.

Bajo sus pensamientos y su voz articulada dentro de su cabeza, yo fui.

Creo que empecé siendo periodista, quizás en algún tiempo fui la Maga, la viajera, a veces sabía a blues y otras a grunge todo mientras él me leía…

El problema comenzó cuando fui lágrima, oscuridad y sólo drama. Cero resolución.

Fui sintiendo al mismo tiempo que él que me iba quedando en la misma página. Nos íbamos quedando ahí.

Él desde su sillón, yo desde esa misma línea repetida.

El personaje que había enamorado al lector lo empezó a aburrir. Ya no eran las mismas horas dedicadas a esa lectura. Su mirada se iba sintiendo distante y justo cuando yo seguía dando círculos en la misma idea de ese párrafo 1300. él cerró el libro.

Y de heroína me fui sintiendo la síntesis de una palabra, el suspiro de un punto seguido. El salto de página. Fue en ese instante que me di cuenta que era ese fragmento del libro. Una ilusión , una vida sin destino.

Y quise salir corriendo, volver a ser lo que había sido, terminé en otras historias de dragones y geishas.

Pero no era más que una frase sin sentido.

Atrapada entre esas páginas, notando que mis pensamientos no me pertenecian, quise escribir un libro.

El personaje de ficción tomaba ahora la pluma y dejé de ser más la que estaba adentro sin escape en esas líneas.

Miré hacia fuera y pude ver quien me leía. Descubrí a un lector, formado como yo. Contradicciones internas, conflictos narrativos, puntos de giro y millones de batallas entre lo bueno y lo malo, lo ético y antietico, lo sintético… Él también era un personaje ficticio, esa es la naturaleza del lector, la contraparte necesaria para aquel que es leído.

 
 
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Escrito por Adriana Duarte para
la Nueva Bagatela

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