Japón

Golden Temple - Japón, Fotografía de Adriana Duarte
Golden Temple – Japón, Fotografía de Adriana Duarte

 

Diciembre 2015

 

La vida es un proceso de flujo y aquel que se aferra a las formas, por maravillosas que sean, sufrirá por resistir a la corriente

 

Salgo al balcón un poco perturbada por el movimiento irregular de mis latidos. Estoy en un barrio de casas triangulares con altas antenas parabólicas. Sólo escucho el calentador…

Kyoto es como describir el frío, se cala en los huesos, en la cabeza, en el recuerdo. Las nubes cubren el azul siempre permanente del cielo. Es invierno y no podría imaginarme este lugar en otra estación. He venido sin ninguna expectativa y sin embargo es como pude haberlo imaginado. Sus calles angostas, sus paredes amarillas, sus casas cafés sus rincones son blancos. Hay casas pequeñas de puertas corredizas y grandes ventanales pero predominan los edificios de cuartos simétricos.

Los jardines parecen tener un lugar especial en el corazón del japonés y quizás por eso tratan de conservar uno que otro bonsai a las afueras de las casas con algunas flores silvestres.

El silencio de sus calles donde deambulan alrededor de un millón y medio de personas en Kyoto y 127 millones en todo Japón revela el rasgo de disciplina impartido por años.

El japonés no mira a los ojos, agacha la cabeza cuando puede y dice gracias para saludar, despedirse y recibir invitados. Todo esto se sintetiza en una palabra, «Gambaru», que como me explica mi compañero de viaje es una oda al esfuerzo continúo. Como individuos, tienen que responder a todo con la mayor dedicación posible y demostrar que el valor del esfuerzo y el trabajo es ilimitado, dignifica a las personas glorifica a la familia y responde a la sociedad.

La productividad y el trabajo es el estilo de vida, se nace con este fin. Son personas que concentran su energía cien por ciento en producir y sin embargo el «gobierno» los trata como niños. Sus campañas en los espacios públicos, trenes y calles está acompañada siempre por ornitorrincos, osos o algún personaje de la industria cultural nipona, que da a entender que el japonés es un niño que necesita del estado y no viceversa.

Con mi llegada es inevitable no sentir el choque de una megaurbe y más cuando se viene de una mini ciudad como Auckland que sólo tiene una calle principal. Trenes de todas las clases y colores, gente trasladándose en manadas de un lado a otro, carros, bicicletas, y un sin número de tiendas y centros comerciales. Es la ciudad en tránsito perpetuo.

El ocio está centrado hacia el consumo, tiendas especializadas para todo lo inimaginable, desde los restaurantes donde sólo sirven cangrejo hasta los cafés de gatos o tiendas de Hello Kitty. Es el país de la maricadita. Sus pasajes sirven para introducirlo a uno sin previo aviso a grandes estructuras de ventanales, espejos y vitrinas.

A las afueras en sus espacios públicos está prohibido todo y desde colarse en el tren hasta fumar en un lugar público puede significar cárcel.

El japonés sin embargo es un ser hipermoderno, hiperindividualista e importaculista. El grado de abstención e incluso el ateísmo es altísimo.

En Kyoto hay que comer Ramen, pensado para el ejecutivo que sale de la oficina y se quiere deleitar con este plato que sumerge el cerdo y los vegetales en una sopa de miso y salsa de soja.

También hay que ir a esos lugares modulares donde el sushi se pasea y rota ante los ojos retando a la voluntad y a la gula.

Hay que decir también que Kyoto es la ciudad de los mil templos y siempre sugieren venir aquí. Es fácil dejarme seducir con la espiritualidad que evocan estos lugares, con la idea de balance, de tranquilidad y calma. Casi como si el destino me hubiera traído hasta acá para seguir aprendiendo del silencio y de cómo manejar el torrencial de emociones que desde hace tiempo me acompañan.

El budismo se basa en cuatro nobles verdades: Toda existencia es sufrimiento, el origen del sufrimiento es el anhelo, el sufrimiento puede extinguirse, para extinguir el sufrimiento hay que seguir los 12 pasos…

Paz - Japón, Fotografía de Adriana Duarte
Paz – Japón, Fotografía de Adriana Duarte

 
adriana-duarte-la-nueva-bagatela

Escrito por Adriana Duarte para
la Nueva Bagatela

deja aquí tus comentarios

Comentarios