La cacería y la madera (Primera Parte)

 

Si ustedes sintieran la adrenalina que da la cacería, las presas más débiles que se doblan bajo el peso de la anilina y la falsa modestia del que compró zapatos caros, podrían palpar lo que es querer irse del sitio pero saberse amarrado a él hasta que el yunque nos deba un par de horas de palpitar y de sueños.

Pero no.
No hoy.
Cada voz que sigo estás ahí, diciéndome lo poco que valgo, lo mucho que dejé atado, lo mucho que seguí esperando sentado en una mesa que un viernes fuera para mí lo que es para ustedes, oficinistas y paisajistas de la mercadería artística.

Tengo una memoria de los dos abrazados, y los dos nos sostenemos
-hoy en día está al alza el contacto y el rozar raíces, porque nos gritan que somos descastados por todas partes- y…

…y teníamos ese bamboleo raro al acomodarnos en la silla del parque que es como el saberse cargas eléctricas, y por osmosis nos entró el silencio para sobrevivir a esa fuente dorada permeando la ventana desde otro piso… durante treinta segundos había paz había amor había la inocencia en formato .wav o la ilusión de una vida libre del odio heredable. Pura hormona de lo digital hecho análogo.

Estoy mostrando lo vulnerable que soy mientras tú te das un giro por el universo y decides cómo lo lees… estoy pensando en historias de terror con gran escote pero mi presupuesto es bajo y corto, mi bajo el reposo y lo largo, tengo un rojo cualquiera atravesado en la respiración y un blanco de espera domesticado por tu memoria de lo que ha de ser.
No quiero pretender que sé lo que es correcto de lo que no lo es.

Quiero que mi última frase sea tan fuerte como la primera. ¿Podrías…?

 

Mutantoide - La nueva Bagatela

Este texto fue tomado de aguaynotas con permiso del autor
para ser publicado por los editores de la Nueva Bagatela

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