La tierra es pa’l que… [Fragmento]

La tierra es pa'l que... Sandy Gomez Foto de Javier Benavides Ortiz
La tierra es pa’l que… – Sandy Gómez Foto de Javier Benavides Ortiz.

La tierra dividida en dos

Posterior a las disputas por el poder, las masacres, la creación de leyes, las malas administraciones, la corrupción, y demás eventos que parecen los mismos desde hace más de doscientos años, retorno a mi historia.

Luego de alejarme del Cerro inicié una búsqueda por la historia de mi familia, porque mi relato no es ajeno a la tierra, y sé que muchos en este país tienen una historia que se relaciona con la mía: con las leyes que han regido la tierra desde la Independencia, con las decisiones que surgieron durante la Colonia y de manera evidente, con la corrupción que rodea el tema por la apropiación del territorio.

Mucho antes de que naciera e incluso, antes del nacimiento de mis padres, mis abuelos iniciaron un largo camino en la búsqueda de un pedazo de tierra para vivir. Por un lado tengo mi familia paterna, la que vivía en el Cerro, ese lugar lleno de historias mágicas. Ellos no tuvieron mayores problemas con la tierra. Aunque en 1936 les escrituraron la casa a nombre de mi abuela, el lugar donde cultivaban esas papas y tenían sus vacas pertenecía a un terrateniente que les alquilaba la tierra. Esta dinámica era la más lógica en un país como Colombia, debido a toda la serie de leyes y conflictos que anteriormente mencioné. No obstante, para entender la dimensión del conflicto por la tierra, voy a hablar de mi familia materna y comenzaré por mis abuelos.

Iniciemos por la ley 200 de 1936, norma que sólo dejó espacios vacíos que fueron aprovechados por los terratenientes para apropiarse de la mayor cantidad de territorios posible. Mis abuelos vivían en el Tolima a mediados de la década de 1940, momento en el que todos querían aprovechar la riqueza de esas tierras para tener un pedazo de ellas. Evidentemente, los terratenientes querían el pedazo más grande, por lo que iniciaron un proceso de deforestación para hacer el terreno más viable para la producción. Durante ese período inició un pleito sobre la posesión de la tierra. Debo aclarar que mis abuelos provienen de una finca cafetera y en aquella época, una de las actividades que traían más beneficios al país eran precisamente las haciendas cafeteras. Por esta razón, el estado intentó adjudicar una mayor cantidad de terrenos destinados a esta actividad.

La tierra es pa'l que... Sandy Gomez Foto Javier Benavides Ortiz
La tierra es pa’l que… Sandy Gomez Foto Javier Benavides Ortiz

Más tarde, en 1944, apareció la Ley 100 que favorecía la actividad del terrateniente y en especial la de dueños de fincas cafeteras, alejando a los campesinos de la posibilidad de obtener la propiedad sobre sus fundos. Su expedición fue toda una contradicción porque mantuvo vigente una figura jurídica que favoreció a los predios con mayor extensión y promovió la posesión de grandes capitales (Ochoa, Mora & Gómez, 2013: 42). Es importante notar que durante esas fechas se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial y por lo tanto, se vivieron grandes crisis, siendo los contratos para adjudicar grandes posesiones de tierra destinados a la actividad cafetera los que más beneficios traían al país. Por este motivo, dichas leyes surgieron en pro del sostenimiento económico durante un momento de crisis mundial.

Desafortunadamente, las leyes dejaron al país sumido en una desigualdad sobre la repartición de la tierra, a lo que hay que añadirle los conflictos por la toma del poder y la serie de consecuencias derivadas del estallido de El Bogotazo en 1948; la población, cansada de la corrupción, salió de nuevo a las calles al ver que su líder Jorge Eliécer Gaitán había sido asesinado. Bogotá quedó destruida, muchas casas fueron abandonadas y en el campo se recrudeció la guerra. Los terratenientes, tanto conservadores como liberales, quisieron tomar grandes cantidades de territorio y el país, al estar inmerso en esta crisis, descuidó los campos. Inició de nuevo la guerra entre conservadores y liberales. “¡Allá en el Tolima!”, como dicen mis abuelos, esta lucha entre bandos se hizo más fuerte. De esa época surgió la historia de mi abuela y las panelas, porque en este país mataban al que llevaba más panelas de las debidas. Pronto, esta violencia se convirtió en odio, el odio en venganza y cualquiera podía morir al ser acusado, sin pruebas, de ser conservador en territorio liberal o liberal en territorio enemigo.

Así, por un lado cuento con mi familia paterna que vivió en Suba durante un periodo de relativa calma frente a los acontecimientos del país y por otro lado, a mi familia materna que estaba comenzando a descubrir las ideas comunistas en un campo privatizado.

Dos décadas para partir

Mis abuelos me cuentan muchas historias de su juventud, de sus plantas, de sus empleos, en fin, muchas historias que conforman sus vidas pero, existe una época que no les gusta recordar: el período de la violencia y cuyos relatos iniciaron con la historia de las panelas.

La tierra es pa'l que... Fotografía de Sandy Gómez
La tierra es pa’l que… Fotografía de Sandy Gómez

Es el año de 1949 y la guerra en el campo es cada día peor. Mis abuelos, que sólo habían estudiado hasta tercero de primaria y que no tenían muy claro cómo leer ni escribir, vieron cómo las tierras fueron tomadas por los grandes terratenientes empleando leyes que no comprendían, usando la violencia y las armas.

Durante la década de 1950 vivieron la dictadura de Rojas Pinilla, que con un golpe de estado incruento, apoyado por los liberales y los conservadores no laureanistas, tomó el poder. Esta dictadura trajo consigo cambios importantes para el país, entre ellos la construcción de aeropuertos, hospitales y leyes más duras para la clase adinerada. Mejoras que sin embargo, dejaron a un lado al campo colombiano. En 1954 se recrudeció La Violencia y entre 1956 y 1957, los jefes de los dos partidos firmaron los pactos de Benidorm y Sitges, en los que acordaron derrocar la dictadura y alternarse en el poder cada cuatro años (El Tiempo, 2010). En el año de 1958 y fruto de estos pactos, cayó el gobierno de Rojas Pinilla e inicia el periodo conocido como Frente Nacional. Este trajo consigo el Decreto 290 de 1957 que proponía incentivos para invertir en el agro. Los propietarios debían declarar renta de acuerdo a una clasificación de tierras en cuatro grupos. Pese a ello, este decreto no tuvo una aplicación real y se fue olvidando porque dicha clasificación no guardaba relación con la realidad (Ochoa, Mora & Gómez, 2013: 44), de esta manera el campo continuó siendo descuidado por los gobiernos.

Con estas leyes que poco propusieron en materia agraria y en regular la tenencia de la tierra, ingresamos en la década de 1970, una época marcada por la generación de grupos revolucionarios y una violencia que alcanza nuestros días. Durante esta época se realizó una nueva regulación agraria de la mano de la Ley 135 de 1965. A partir de ella se creó el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (Incora), que se configuró como el encargado de la administración y adjudicación de las terrenos baldíos. Su principal función consistió en reformar la estructura social agraria para dar fin a la forma inequitativa como se distribuían las tierras en Colombia (Ochoa, Mora & Gómez, 2013: 44).

Aunque la Ley 135 definió y reguló pautas para la tenencia de la tierra, el problema agrario para este momento ya era muy grave y los campesinos, en su mayoría analfabetas, quienes sólo conocían la agricultura como medio de subsistencia, se vieron intimidados. Muchos de ellos se vieron obligados a desplazarse hacia las grandes ciudades y se apropiaron de las casas abandonadas durante el bogotazo. Otros, como mi abuelo, decidieron luchar y encontraron en nuevo movimiento, una esperanza frente a la desigualdad. Desafortunadamente, esta nueva fuerza duraría muy poco.

Los campesinos, cansados de los despojos a mano de los grandes latifundistas, fueron desplazados de sus tierras por los militares, y por estos motivos, en 1964, nacen las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en el sur del Tolima. Los campesinos se organizaron en búsqueda de una nueva reforma agraria que los incluyera de una manera justa. Las FARC entonces se iniciaron como una guerrilla de autodefensa que reivindicaba la lucha radical agraria, luego incorporaron el discurso marxista-leninista y, tras la caída de la Unión Soviética, el bolivariano de corte nacionalista (Noticiascaracol.com, 2016).

Las malas administraciones, las disputas, el descuido, el olvido, la indiferencia y las series de leyes incomprensibles para los campesinos, se reunieron para revelar la inconformidad del campo. Por su parte, mi abuelo, cansado de toda esta violencia contra los campesinos, decidió participar dentro de este grupo, allí aprendió a leer y a escribir y aprendió acerca del comunismo. Desafortunadamente la violencia al sur del Tolima se había agudizado, por lo que finalmente decidió marcharse, no sin dejar de lado su lucha y su ideología comunista. De esta manera, mis abuelos abandonaron su tierra en el Tolima y se desplazaron como muchos otros campesinos hacia la ciudad, conservando la esperanza de encontrar una tierra donde vivir tranquilos, lejos de esa violencia que había azotado al campo durante tantos años.

Referencias

 

Sandy Gómez - La nueva Bagatela

Escrito por Sandy Gómez  

Fragmento de la tesis ‘La tierra es pa’l que…’

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