Más que escultor o artista, ¡yo soy ceramista!

Teodoro Duque - Fragmentos, cuerpo en transformación (Fragmento) fotografía por Fano Maria
Teodoro Duque – Fragmentos, cuerpo en transformación (Fragmento) fotografía por Fano Maria

¿Quién es Teodoro Duque?

Yo soy una persona común y corriente (la verdad) en estos momentos contento de estar culminando todo un proceso pero… ¿cómo me describo yo? es que ponerse a hablar de uno mismo es difícil, ir a rajar del otro es más fácil (risas).

Es una persona… Berraca en todo el sentido de la palabra, una persona sensible, amable llena de valores, llena de defectos, repleta de defectos (como todo mundo), apasionada, una persona muy apasionada por todo lo que hace, y pienso que esa misma berraquera y ese mismo apasionamiento por las cosas es lo que me ha llevado hasta este punto.

Para mi sería más fácil que ustedes fueran y preguntaran ¿quien es Teo? pa’ que rajen con más sinceridad de uno…

Si me miro a un espejo, y digo ¿quién soy yo? veo una persona que de verdad lucha mucho y lucha a diario por lo que realmente quiere. Soy de los de la filosofía ‘que uno está donde uno quiere estar’, en pro de eso es que he estado trabajando estos últimos años, ‘de estar donde yo quiero estar’…

Es una persona que viene de trabajar ya muchos años, qué ha pasado por varias instituciones. Estudié en un colegio de monjas en donde esa ideología intentó permearme la mente, pero realmente no, ¡No lo lograron! También presté servicio militar, otra institución que, como la religiosa intentan moldear el pensamiento, ¡TAMPOCO LO LOGRARON! (risas).

Después de esto trabajé muchos años con almacenes éxito, allí -la verdad- muchas veces me sentía frustrado porque era algo que ¡no! No concebía mi vida haciendo siempre lo mismo dia y noche, todos los días… Cosas como cumplir con un horario de trabajo, estar siempre sujeto a órdenes, realmente me daba mucho miedo estar toda mi vida en eso…

Teodoro Duque - Fragmentos, cuerpo en transformación (Fragmento) fotografía por Fano Maria
Fragmentos, cuerpo en transformación (Fragmento) fotografía por Fano Maria

¿Cómo llegó Teodoro a las artes plásticas?

Cuando estaba en el colegio, sentía admiración por alguien que veía una imagen y empezaba a echarse todo un discurso iconográfico de un cuadro, para mí era una persona que yo decía ¡WOW, que chevere!

Tener todo ese bagaje cultural que puede dar la descripción de un cuadro me parecía muy interesante. Entonces empecé a crecer con esa espinita. Recién me gradué del colegio estuve muy perdido, una persona con recursos limitados cuando termina el colegio no sabe pa’ donde coger, ni que agarrar.
A mi me gustaba el dibujo, pero desconocía que existía una carrera de artes plásticas o plásticas y visuales que fue la que estudié. Da la casualidad de que mientras estaba trabajando en el éxito (risas), conocí una chica que me empezó abrir el panorama, ella estudiaba la licenciatura en artes en la UPTC de tunja. Para empezarnos a conquistar me llevaba a los museos. ¡yo encantado, feliz con todo este cuento…! Cuando se terminó la relación estuve un tiempo reacio a querer estudiar artes, porque era el rechazo a ella.

Trabajé como bodeguero, como vendedor y en otras mil cosas, pero siempre estuvo ahí la espinita. Me puse a mirar en universidades en internet, ¡aprendí a manejar el internet! y mi obsesión se convirtió en querer entrar a la ASAB.

Tenía como 24 años y al ver que en la inducción a las pruebas habían un poco de chinos recién salidos del colegio y otros que hasta ahora iban a salir, en ese momento pensé ‘no estos chinos me van a llevar por delante’, peor cuando escuchó que entre ellos dicen ‘no, es que yo hice el preparatorio…’ ¿qué es eso del preparatorio? una ventaja más que yo desconocía…

Mis supervisoras me prometieron que si estudiaba una carrera administrativa, al primer semestre, me ascendían a supervisor, y luego escalando peldaños llegaría a ser gerente de un almacén de estos. Pero yo no quería hacer carrera en el éxito, ¡ni mierda, si no llego a pasar pues vuelvo y me presento! ¡Esto es lo que me apasiona, es lo que quiero hacer en la vida!

Yo quiero estudiar artes plásticas, quiero aprender a pintar y a dibujar, quiero comenzar a moverme en ese medio y más que ser un artista afamado yo quiero aprender a enseñar. Eso fue lo que me motivó y así fue como llegué a las artes plásticas.

Luego me presenté y pasé (risas).

Fragmentos, cuerpo en transformación (Fragmento) fotografía por Fano Maria
Fragmentos, cuerpo en transformación (Fragmento) fotografía por Fano Maria

¿Qué es ser un artista plástico en Colombia?

La academia es una burbuja, cuando uno está saliendo se estrella contra el mundo de una forma absurda. La mayoría de las personas que entran a una academia llegan con ‘el ego de artistas’ desde el primer semestre, piensan que van a ser expositores, artistas afamados en cócteles o en cosas así, todo lo que se ve en las películas y las revistas.

Ser un artista acá en Colombia es fregao, porque no es fácil conseguir un espacio para decir, ‘Bueno tengo mi obra, voy a montar y exponer’ no, eso no es fácil y más cuando uno es de recursos limitados.

Al salir de una universidad pública, cuando uno no cuenta con los recursos que se quieren, para comprar los materiales que se necesitan y así hacer posibles nuestras ideas, echamos mano de la creatividad que es lo único que uno tiene al momento al verse en la precariedad. Entonces uno empieza a mirar qué necesita hacer y cómo lo quiere hacer, por eso nos convertimos en recicladores de objetos y eso es muy bonito.

¡Ser artista en Colombia es ser reciclador!

Lamentablemente acá lo que hace a un artista, muchas veces, no es el talento sino los contactos, y el talento se deja de último ¡todo es chanchullo! Pienso que varios artistas a falta de talento lo que tienen (y de sobra, a veces) es plata y contactos y pare de contar.

Pa’mi eso es un artista acá en Colombia.

Fragmentos, cuerpo en transformación (Fragmento) fotografía por Fano Maria
Fragmentos, cuerpo en transformación (Fragmento) fotografía por Fano Maria

¿De dónde nace ese amor por la arcilla?

Aunque suene como cliché ‘cuándo era pequeño’ porque realmente cuando era pequeño… (risas)

Tenía 9 años, cerca a la casa había una fabrica de materas, lo que hacía era que le decía a mi papá ‘papi ¿me regala para unas galletas?’, en esa época eran qué 100, 200 pesos. Me iba a la fábrica de arcilla, de materas, perdón. y le decía a la señora que me vendiera 200 de arcilla. Me la llevaba a escondidas a la casa, para la terraza porque a mi no me dejaban jugar con eso, por el reguero, cosas típicas de la casa.
Lo que hacía era ponerme a jugar con la arcilla, creaba pequeñas ciudades, pequeños mundos.

En la academia, en una clase de técnicas y expresión, nos pusieron a escoger entre el pie, la mano o la cara. Yo elegí la mano y me pusieron a hacer la mano con la arcilla… ¡ay dios mio!

Yo no me sentía capaz, cuando veo que la cosa empieza a fluir, empiezo a observar que para estas cosas tridimensionales soy bueno. Cuando entré a la academia, lo hice con la idea de aprender a dibujar ‘bien’ y a pintar, pero voy y me estrello con la arcilla…

Dentro de los talleres comienzo a entender un poco más el material, esa parte técnica, que se tiene que amasar muy bien,que se tienen que conocer las temperaturas, todo este nivel técnico me llamaba mucho mucho la atención.

Es muy doloroso que nosotros que venimos de una tradición cerámica, prehispánica y todo el cuento, en las artes, se vea la cerámica como algo menor. A mi eso me duele, más que ofenderme me duele mucho…

Una de las ventajas de trabajar con la arcilla es que si una pieza no le quedó como le gusta, se desbarata y se recicla la arcilla para volver a empezar, siempre y cuando no esté cocinada (obviamente).

El proceso de macerarla, de hacerla polvo para poderla trabajar, para mí es como un ritual. Si me preguntan ‘¿cómo le parece la cerámica?’ yo soy bobo, yo la adoro. Nunca me concebí como ‘ceramista’ más que escultor o artista, ¡yo soy ceramista!

Fragmentos, cuerpo en transformación (Fragmento) fotografía por Fano Maria
Fragmentos, cuerpo en transformación (Fragmento) fotografía por Fano Maria

¿Cuéntanos sobre tu proyecto de grado?

Elegí trabajar con el transhumanismo, viendo cómo el cuerpo se va convirtiendo en máquina. Llegué a eso porque una de las cosas que más me llama la atención acerca de la historia han sido las revoluciones industriales, desde la primera Revolución Industrial hasta nuestros días. Hago ese recorrido por la historia de las máquinas y cómo estas van desplazando al hombre en ciertas labores, hasta llegar al punto en que la máquina se va integrando al mismo cuerpo humano. Entonces, hablo de máquinas que fragmentan el cuerpo, de las máquinas de la inquisición, mostrando cómo se va a industrializar la muerte a partir de la Segunda Guerra Mundial, evidenciando cómo es más rápido acabar con la gente. A partir de esta idea empiezo a pensar en que lenguaje expresar eso.

Durante la experiencia en los talleres integrales (donde trataron de coartar mi elección respecto a la cerámica como técnica), me cuestionaron, de cierta forma, la validez de este medio como un lenguaje legítimo para crear, ¡eso no me gustó!

Me preguntaba qué pasaba con la Academia, por qué sucedían esas cosas, qué pasaba con las diferentes técnicas, por qué los maestros entre unos y otros se pisaban las mangueras…

Para mí es tan válida la cerámica como el proceso de la fotografía y el grabado, viendo el trabajo de mis compañeros yo decía ¡wow, qué trabajos! Para mí la imposibilidad de manejar ciertas técnicas hace que uno admire el trabajo del otro, pero esto no pasa entre los maestros… ‘es que la cerámica, es que la fotografía…’ este tipo de cosas son las que nos van llevando como compañeros a ser competitivos de mala manera, pensando que es más válida una técnica que otra.

Yo llego a la cerámica porque es el lenguaje que más me agrada, con el que se me facilita decir las cosas. Si uno aprende a dibujar o a pintar es lo mismo que si uno aprende a escribir, es un medio para comunicarse, y la forma en que mejor me comunico es con la cerámica.

 

¿Cómo fue el proceso de creación de las piezas?

Fue una labor titánica, gigantesca, de hecho muchos me molestaban diciéndome que sí tenía un complejo napoleónico por ser yo tan chiquito y queriendo hacer cosas tan grandes
(risas).

Pero yo siento que cuando uno es ambicioso y tiene claro qué es lo que quiere hacer, uno logra lo que se propone, ¿que toma tiempo? sí, toma tiempo, además, uno de los factores por los que la gente a veces no se arriesga a trabajar la cerámica, es porque este es un material en el que uno debe estar dispuesto a perder o a ganar.

Al principio no se dieron las cosas y perdí, por eso se me prolongó un poco más el proceso, perdí una buena parte de la pieza principal, pero ahí sí como dice el dicho ‘perder es ganar un poco’.

Cuando perdí la pieza empecé a evaluar porque se rompió, así se da cuenta uno de los errores que cometió y es eso lo que hace a un profesional. Si no se está en la práctica constante uno no se puede llamar profesional simplemente por tener el título, lo que hace realmente a un profesional es estar trabajando en un taller, haciendo prueba y error, así es que se ganan herramientas para salir a defenderse.

La pieza principal la realicé en la técnica ancestral, la técnica de rollo, técnica que permite hacer en arcilla estructuras realmente grandes y que estas se mantengan, le da firmeza a las piezas haciéndolas fuertes.

Conté con la colaboración de algunos compañeros que me ayudaron a llenar los moldes de los fragmentos. En este proceso aprendí a trabajar en equipo, no se puede trabajar solo.

Me ayudó un chinito que ahorita está en cuarto, el me decía: ‘Teo yo quiero aprender, en qué le ayudo’, a la par que el me ayudaba yo le explicaba y le iba transmitiendo mi gusto por la cerámica. Así entendí que en procesos grandes uno necesita el apoyo de más gente y que uno tiene que aprender a confiar en el trabajo de los demás, confiar en que ellos pueden responder a lo que uno está pidiendo, pero es necesario también saber en qué forma y en qué medida uno pide, sin ser autoritario, como ‘yo soy el artista y ustedes mis subalternos’, ¡no!, es más bonito cuando uno dice ‘yo estoy acá, estamos trabajando en pro de mi proyecto pero yo les quiero enseñar y yo quiero que ustedes sean igual o más buenos que yo’.

Todo el proceso lo hice afortunadamente en el taller de la universidad, ahí sí abono ese punto positivo a la academia, porque uno puede contar con esos espacios, pero hay que luchárselos muy berracamente en la ASAB, porque muchos de los espacios son restringidos… Hubo momentos en los que tuve dificultad para poder entrar, pero pedí ayuda a las maestras porque era la única forma, ir llorando con ellas para que me facilitaran el espacio.

Una de las cosas malas que tiene la universidad pública son los paros, para este proceso me cayeron todas, se me dañó la pieza, entramos en paro, que… bueno, no quiero meterme en cuestiones políticas (sonríe), pero lo que yo pienso es que la universidad se defiende desde los talleres, desde el quehacer, además uno tiene que apropiarse de las cosas, por eso me siento muy feliz de haber desarrollado todo el proceso allá en el taller de la universidad, de haberme apropiado de todo lo que había allí y de haberlo cuidado, es importante crear esa conciencia de cuidar lo que es público y lo que es de todos.

Fragmentos, cuerpo en transformación (Fragmento) fotografía por Fano Maria
Fragmentos, cuerpo en transformación (Fragmento) fotografía por Fano Maria

¿Cuál podría ser el secreto del éxito para vivir del arte?

…A mí el ‘éxito’ me hace pensar en Teodoro usando una camisa amarillita trabajando en un supermercado (risas)…

Pensando en el éxito, como tal, me siento muy afortunado y pienso que a pesar de los altibajos y los contratiempos que tuve para culminar la carrera, he tenido éxito porque desde el comienzo mi intención fue dedicarme a la docencia y he trabajado duro para lograrlo.

Afortunadamente he dado con buenos sitios donde me pagan muy bien y soy muy feliz por ello, hasta se me hace extraño que me paguen por algo que disfruto, que no siento como trabajo. Para mí ganarme un salario implicaba en el ‘éxito’ surtir mercancía, cargar cajas o bodeguear… por eso ahora para mi el trabajo es muy grato y muy bonito.

El trabajo y la experiencia laboral que he conseguido, son cosas que no le debo a la academia, es algo que yo mismo busqué. Busqué los espacios para empezar a enseñar, dónde adquirir experiencia, el éxito se trata de autogestión, si no existe la autogestión en todo el sentido de la palabra uno muere, uno fracasa porque, como mencioné con anterioridad, la concepción que hay en la academia es que ser profesional es esperar a que le den a uno el título y ya ‘¡soy profesional!’

Si te interesa contactar a Teodoro puedes encontrarlo en Facebook

 

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