Múltiple

Conocí a Adriana a sus 23 años mientras yo jugaba en el parque, apareció de repente esa tarde donde el miedo a crecer desapareció.

Mientras yo jugaba con la pelota, ella se veía como un árbol firme y sostenido al piso. Leía en una banca y parecía que mil cosas podrían pasarle a su alrededor sin inmutarla.

A mí, mis padres me llamaron Nibeth, fruto quizás del hippismo y del ambiente esperanzador que aún persistía en los noventas.

Nibeth es una combinación de los nombres de mis padres. Mi mamá se llama Nidia Elizabeth y mi padre Abel.

Así entonces Nibeth el es resultado de Ni de Nidia, be Abel y th de Elizabeth.

Crecí pensando que el arte me liberaría, estudié en un colegio alternativo ya que mis papás siempre vieron que podía explorar mi parte creativa con facilidad. Por eso quizás estudié música, plastilina, teatro e incluso confeccionaba mi ropa.

Sentía curiosidad por todo o casi todo, me gustaba saber de dónde venían las cosas.

Pero, no vengo a hablar de mí. Yo quiero hablar de Adriana.

La segunda vez que la vi, se paseaba por la ciudad, parecía estar desafiando a la mole de cemento con pasos firmes en la tierra.

Adriana no miraba a los ojos, prefería hacer un gesto amable y seguir.

Yo la admiraba, siempre está ocupada escribiendo, leyendo, o montando bicicleta.
Su único problema es que pocas veces miraba al cielo.

Yo sin embargo, puedo estar horas cantando, soñando con que un príncipe azul encarnado en un músico vendrá por mí y me llevará alrededor del mundo.

Adriana por otro lado, siempre está ahorrando y pensando en proyectos. Quiere vivir sola, trabajar arduamente y pasear con su dinero.

Un día, yo estaba entretenida bailando con mi mejor amiga cuando ella me vio. Sus ojos se yuxtapusieron con los míos y descubrí que la misma forma cóncava y pequeña de mis ojos coincidían con los suyos.

Me abrazó y me dijo que algún día se había llamado como yo. Que tenía días frente al espejo donde me buscaba, que las cosas habían cambiado pero a veces extrañaba jugar a la pelota.

Me habló de sus miedos y frustraciones, aparentemente esa fuerza había nacido porque su sensibilidad la había llevado a lugares recónditos.
Adriana sabía dos idiomas y dijo que eso le había servido para entender cómo vivían los demás.

Me contó que afuera aman, temen y arriesgan cosas distintas. Decía que los seres humanos éramos inconformes pero en la sencillez de una palabra, de un cielo azul o de una canción se podía ser feliz.

Llevaba tiempo buscando a Nibeth, a veces me sentía como una mujer dividida. Esa vez realmente quise a sincerarme con lo que había sido, la niña, bailarina, actriz e hiperactiva.

Me había dado el don de la inquietud, de la pregunta y de la curiosidad insaciable. A veces creía que todo estaba perdido, la humanidad en sí misma es desesperanzadora pero la gente que crea siempre estará viva de múltiples formas.

 
 
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Escrito por Adriana Duarte para
la Nueva Bagatela

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