No te das cuenta y ya estás metido en la caja con el veneno

un gato llamado 'Blues' fotografía de Adriana Duarte para la nueva Bagatela
‘Blues’ – fotografía de Adriana Duarte

Blues se pasea entre nosotros, mueve su cuerpo estilizado por todos los rincones del pasillo, de las habitaciones, cada esquina es suya, cada intercepción y columna.

A veces lame, otras se frota.

Blues es un gato. Pero también es nosotros.

A veces se detiene a mirar detenidamente un punto, y no lo deja de ver hasta que otra cualquier cosa lo distrae.

Ya Cortázar había dicho que era un teléfono yo sigo insistiendo con que es nosotros.

El gato, el teléfono, Blues, suele encontrar motas, objetos en el piso que los humanos no
diferencian pero que a él le constituye una verdadera diversión.

En uno de sus paseos nocturnos se encontró una caja de cartón, sin pensarlo saltó al interior de esta sin dimensionar su fondo. Había quedado atrapado en ese espacio completamente oscuro.

El gato, que es curioso empezó a recorrer su interior y encontró un frasco cuyo contenido era una dosis letal de veneno sostenido a un martillo que oscilaba en todas las direcciones y que podía en algún momento romper el envase.

Como Blues no es calculador y pocas veces siente miedo. No dejo de hacer lo habitual. Después de recorrer la caja hasta aburrirse, empezó a pasar su lengua áspera por cada parte de su cuerpo, su lengua se acercaba a su pelo y lo lamía de arriba abajo tantas veces como fuera necesario, a veces pasaba su lengua continuamente unas cincuenta veces o menos dependiendo de qué tan sucio se sintiera. Inicio en su lomo, y sucesivamente fue pasando de sus patas superiores a las inferiores.

El gato ya estaba atrapado. Por lógica podían suceder dos cosas; el martillo oscilatorio podía dar con el frasco de veneno y el gato moría o nunca pasaba y el gato conservaba su vida.

En este momento el gato estaba en dos estados al mismo tiempo estaba vivo y muerto.

Pero la cuántica desafía nuestro sentido común.

El martillo podía tomar formas distintas, reaccionaba como una onda y una partícula. Podía salir disparado como una bala pero también actuar como una onda que se despliega en el agua cuando arrojamos una piedra. Las dos formas de movimiento las tomaba a la vez, actuaba como onda y partícula que se superponían como lo haría una onda en un charco.

Como no estamos hablando de nuestra realidad sino de la cuántica, las dos posibilidades se cumplían.

Blues, el gato y teléfono en medio de ese espacio oscuro y no conocido estaba muerto y vivo al tiempo.

Exactamente como nosotros.

¿Y si abrimos la caja? ¿si dejamos de preguntarnos por las posibilidades e intervenimos?

El gato pasaría de estar en un plano cuántico a uno real. En sus dimensiones habituales y
condiciones espaciales dentro de las leyes conocidas. Gravedad, tiempo, cansancio, miedo.

Si abrieramos la caja encontraríamos al gato vivo o muerto y nuestra interacción habría acabado con el entorno creado. El solo hecho de observar contaminaría la situación y definiría una realidad.

Este proceso de tránsito de la realidad cuántica a nuestra realidad clásica se llama decoherencia, y es la responsable de que veamos el mundo tal y como lo conocemos. Es decir, una única realidad. Somos ese gato y ya estamos atrapados, ¿quieres definir una realidad?

¿Por qué no vivir en dos estados?, en todo caso ya estamos medio vivos y muertos

 
 
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Escrito por Adriana Duarte para
la Nueva Bagatela

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