Creando en el taller

Teodoro Duque - Fragmentos, cuerpo en transformación 2016
Teodoro Duque – Fragmentos, cuerpo en transformación 2016

Teo y la Arcilla

En este punto del proceso de creación el taller de la universidad se ha convertido literalmente en mi hogar, es mi lugar de encuentro con todos aquellos compañeros y compañeras que entran a trabajar y que al igual que yo han tomado el gusto por la cerámica, por trabajar la tierra, a veces pienso que somos como “dioses”, creadores, que damos al barro ese soplo de vida a partir de nuestra creatividad y singular forma de pensar, materializamos nuestras ideas así el proceso no sea fácil.

La arcilla para mí es un material que me habla, me dice hasta qué punto puedo trabajar con ella, me avisa cuando está cansada y me obliga a parar el proceso y en casos extremos se deshace, se desdibuja aquella imagen que he logrado durante días y en tan solo unos segundos se resquebraja y vuelve al polvo, y con ella entro como hombre en agonía, por el hecho de perder lo avanzado, me frustro, sufro por ella, quisiera llorar lo confieso, pero esto ya no es posible porque ella ha domado mi carácter, me acostumbró a que puede ser tan azarosa como la vida misma y simplemente me enamoré y no soy capaz de abandonarla.

Durante días trabajo con todo tipo de arcillas que encuentro en el taller y tengo la oportunidad de reutilizar, algunas de colores sacadas tal cual como las ofrece la naturaleza, es cuestión de hidratarlas, darles plasticidad para poder trabajar con ellas. Mientras busco darles consistencia brota de ellas el olor inconfundible de la tierra, comienzo a asociar el olor con sitios y recuerdos que ahora son lejanos, ese olor me hace anhelar volver a las montañas, conectarme de manera más directa con la naturaleza, puesto que en una metrópolis como lo es Bogotá es imposible encontrar este tipo de experiencia.

En el paso por la academia y más específicamente por los procesos cerámicos comprendo el manejo que se debe dar a la arcilla para poder lograr que las piezas lleguen a un feliz término durante su elaboración y su posterior quema, como por ejemplo el hecho de amasarla de tal forma que no quede aire en su interior ya que a su paso por el horno puede explotar, o el hecho de tener que dejarla secar muy bien a temperatura ambiente para su posterior caldeo, que es el proceso de secado lento que se da a la pieza en el horno antes de la quema, llevándola lentamente a soportar una temperatura de 300 grados centígrados para la cocción final. Pero en ocasiones por más que se tengan claros estos elementos técnicos hacia el material hay imprevistos que son difíciles de calcular o mantener al momento de la manipulación, que por características morfológicas y de tamaño se puede quebrar en muchas partes a tal punto que se hace imposible recuperarla y se debe empezar de cero el proceso.

Son errores de los cuales se van aprendiendo nuevas cosas y aunque se sienta perdido el tiempo, al entrar a reflexionar en torno al suceso se es consciente que se pierde el objeto en proceso, pero se gana en experiencia y en virtud de la paciencia, por lo que puedo asegurar que la cerámica no es para todo el mundo y menos para quienes quieren siempre tener el control y la certeza de los procesos.

Redescubriendo el material

Trabajar diferentes partes del cuerpo, sacar las piezas de los moldes, dejar secar la arcilla o darle cierto tratamiento hicieron que me entusiasmara aún más en el proceso de construcción y descubriera nuevas formas de trabajarla, me mostró que no siempre es necesario someterla al fuego para considerarla terminada.

Aquellas formas humanas se ven más reales cuando pulo delicadamente la superficie de la arcilla con un cepillo y se asemeja a la tés de la piel, unas blancas, otras morenas, rojizas, se vuelven tan plurales como el hombre y, me piden que les dé un trato tan delicado como delicado es el cuerpo humano. En la ejecución del trabajo cada paso me sugirió nuevas cosas, es un dialogo constante entre el quehacer, lo leído y planteado, todo se va articulando, y en la medida en que va cobrando forma voy ampliando mi discurso.

Durante el proceso de sacar las piezas de los moldes algunas quedan con partes minúsculas de yeso, por lo que quiero limpiarlas, tomo una de las copias que se encuentra en un estado de relativa humedad, lo que facilita un poco mi labor al momento de limpiarla, voy frotando la superficie con un cepillo de cerdas plásticas y comienzo a notar que la superficie se va volviendo brillante, y con ella, los detalles finamente marcados del objeto en cuestión se van realzando, toma un color muy característico que se perdería al momento de querer hornear la pieza y sé de antemano que lograr las mismas características de color a partir de un engobe, un esmalte o una pátina va a ser un tanto complejo o casi imposible de lograr, por lo que puedo afirmar que es esta singularidad en el objeto lo que lo hace hermoso aunque efímero y por las características de color de las arcillas trabajadas, se puede repetir varias veces el modelo del molde pero ninguno será igual al otro, no se da el patrón de réplica exacta y es algo que me lleva a la siguiente reflexión y, es que en que cuanto todos somos humanos con características similares, todos somos singulares en nuestra forma de ser y pensar, nos podemos agrupar con sujetos de similares características, pero aun así cada quien mantiene sus diferencias como individuo.

Durante este proceso de creación comienzo a proyectar hacia el futuro esto que estoy redescubriendo, puesto que el dar diferentes acabados a las piezas, como el ejemplo que expongo anteriormente, o cocinar algunas y poner engobes, patinas y esmaltes hace que la imagen tome ciertos matices de belleza y que cada elemento trabajado sea importante para mí, tiene tanto valor aquel fragmento al cual le dedique el tiempo de pulirlo y darle ciertas características en su acabado aunque no esté cocinado, como aquel que he llevado al calor del fuego, y le he puesto algún tipo de esmalte; cada rostro, cada mano, cada dedo o fragmento tuvo la misma importancia y cuidado al momento de ser creado que trabajé por cuidar el más mínimo detalle aunque existan elementos que están creados para ser efímeros y desaparecer, volver a ser polvo.

Todo por un objetivo

El trabajo arduo que desempeñé estos últimos meses en el taller de cerámica de la universidad ha sido con el objetivo de producir la mayor cantidad de partes humanas hechas en arcilla, que la noción de cantidad sea evidente y no se quede en la intención.

La experiencia que tengo al ejecutar esta obra es el entender la dinámica en la que trabajan los grandes artistas, que tienen todo un equipo de trabajo, que pueden delegar funciones, mandar a hacer a otros talleres objetos que son necesarios en la imagen que quieren presentar y concentrarse en los elementos más importantes, en los detalles que merecen toda la atención del artista o mejor aún, donde se encuentra la singularidad del artista en su obra. De esta manera han trabajado muchos artistas para lograr sus obras, por citar algunos como Miguel Ángel para lograr la Capilla Sixtina, o el mexicano Diego Rivera para lograr sus espléndidos murales, inclusive tomando ejemplos más contemporáneos de artistas colombianos como Bernardo Salcedo, quien manda hacer todo por encargo o que sus obras surgen de objetos encontrados, según afirma el mismo artista; otro ejemplo lo encuentro en Nadín Ospina quien manda a hacer sus objetos a artesanos, comprendo hasta cierto punto esta manera de pensar, puesto que durante el quehacer hay procesos que se pueden encargar para ganar tiempo y uno realmente en lo que se quiere concentrar es en aquello que nadie más puede hacer por uno, o en mi caso es así, no podría encargar la pieza que hasta el momento tuve en mi cabeza, siento la necesidad de aplicar la técnica aprendida para materializarla.

Al comienzo del proceso de producir los diferentes elementos que hacen parte de la pieza final cuento con un poco de ayuda brindada por un compañero de tercer semestre, Alejandro Escobar Jiménez, quien se ofrece a ayudarme, le dejo en claro que no tengo dinero para pagarle, sin embargo él responde que está dispuesto a ayudarme porque quiere aprender más acerca de los procesos cerámicos y yo, por mi parte procuro ser claro al momento de explicarle qué es lo que necesito y en qué consiste cada paso; en este punto comprendo con total claridad como un artista trabaja en su taller y puede presentar obras monumentales, y por otra parte entiendo que son sujetos que cuentan con los recursos suficientes para lograr aquello que se han propuesto. Por fortuna cuento con el espacio que me ofrece la universidad, con las ganas de trabajar, el apoyo de mis padres, algunas de mis maestras y compañeros, trabajo literalmente con las uñas, pero con la ilusión de presentar aquello que he visualizado en mi mente.

Somos Fragmentos

Teodoro Duque - Fragmentos, cuerpo en transformación 2016
Teodoro Duque – Fragmentos, cuerpo en transformación 2016

Al trabajar algunas de estas piezas sometiéndolas al fuego para lograr que sean un poco más duraderas y darles acabados con engobes, esmaltes o patinas, observo que son piezas que sobresalen del montón, pero aun así no dejan de ser frágiles y sé que duraran un poco más que aquellas que tuvieron otro tipo de tratamiento pero esto no garantiza que dejen de existir. Pensando un poco en esta situación que puede ser meramente técnica, reflexiono acerca de la relación entre la fragilidad de estas piezas cerámicas y la fragilidad del cuerpo humano según la singularidad de cada sujeto.
Hay individuos que quieren y otros que logran sobresalir entre los demás, ya sea porque supieron dar un trato diferente a esa parte biológica, porque la cuidaron para prolongar su existencia física por un periodo de tiempo más largo que el habitual, o están aquellos que han dejado huella por sus grandes aportes en los diferentes campos como las Artes, las Letras, las Ciencias entre otras y que mucho tiempo después de abandonar el plano físico sus legados y memoria se mantienen, pero esto no es garantiza que algún día los olvidemos, la eternidad es una utopía.

Quiero en esta parte del trabajo plástico lograr representar el diálogo entre aquellos fragmentos que han pasado por el proceso de quema y acabados, y aquellos que solamente han salido de los moldes, han sido lustrados y se mantienen muy frágiles que ante cualquier movimiento, se van desmoronando y se vuelven al polvo. De esta manera sucede con la memoria y los individuos, algunos permanecerán más presentes que otros, quizás aquellos que más rápido se desvanecen es porque en su estancia en el mundo simplemente fueron seres “normales” que tuvieron importancia para su familia y los seres más cercanos, pero su memoria, su identidad con el tiempo se desvanecerá como lo hace el tiempo y otros tantos factores con la arcilla seca, la desgastan hasta devolverla a la tierra.

Aquellas piezas que se ven brillantes, más duraderas y resistentes al tiempo, las pienso como aquellos que a pesar de muertos prolongaron su existencia a través de sus obras o legados, por citar un ejemplo Leonardo Da Vinci, se ha mantenido en la historia universal por casi quinientos años, gracias a algunas de sus obras que a la larga resultan ser sólo fragmentos de lo que fue él como hombre, pero son fragmentos que hasta el día de hoy han logrado mantenerlo en la memoria colectiva, con esto pienso en mi nombre, que mi familia ha procurado mantener vigente desde mi tatarabuelo Teodoro Duque un nombre y un apellido que se ha mantenido de esta manera desde 1875 pero creo que conmigo llega a su fin, y me puedo ver como aquellas piezas que se erosionan y finalmente desaparecen, y así es el mundo en general, algunos elementos y personajes existirán y persistirán en la historia y en la memoria, pero ya sean grandes personajes o modestos y comunes hombres que hacen parte de la humanidad como Teo, todos somos sólo un fragmento de tiempo para lo que resulta ser la eternidad.

el texto anterior es la séptima parte de la tesis «Fragmentos, cuerpo en transformación» escrita y compartida en La nueva Bagatela por Teodoro Duque

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