¡Un disparate! Intento definir con palabras ARTE – AMOR – VIDA

(un producto ordinario, evidencia de la vida ordinaria de un artista ordinario)

SEGUNDO MOMENTO:

Camino de un lado a otro, doy vueltas en un mismo sitio, intento atrapar las imágenes que aparecen en mi cabeza y traducirlas a palabras, intento hacer lo mismo con las sensaciones que experimento mientras hago consciencia de mi aquí y ahora. Llevo varios días en lo mismo, me siento como un gato que juega a perseguir y atrapar la luz proyectada por una linterna en movimiento, juego en el que obviamente el gato nunca logrará su objetivo.

Me hago consciente de que llevo mucho tiempo «inconsciente», encarnando en mi inquieto caminar por el espacio mi persistente persecución mental por respuestas (o preguntas) acerca de lo que es el arte, el amor y la vida.

El hacer consciencia me permite desdoblarme sutilmente, sin abandonar mis movimientos corporales me desprendo lentamente de mi cuerpo físico y me observo, noto preocupación en mi rostro, veo que mi cuerpo camina automáticamente mientras el piloto de dicho cuerpo esta distraído. Por un momento como observador de mí mismo, me enajeno del yo observado, me desconozco, no juzgo al sujeto observado, solo lo contemplo, me causa gran inquietud qué estará sucediendo en la cabeza de aquel individuo que camina sin sentido, mueve las manos como tratando de organizar en el aire lo que pasa por su mente, ocasionalmente lanza en voz alta alguna palabra o frase para sí mismo, se sienta, se pone de pie, toma objetos que encuentra, los mira pero no atiende lo visto, deja los objetos en otro lugar; llegan otras personas, le hablan, aparenta interesarse por lo que las otras personas le dicen pero es evidente que no está disponible.

Lentamente voy reconociéndome nuevamente en el sujeto observado y de nuevo me voy identificando con él, sin abandonar mi posición de observador voy incorporándome en él, otra vez empiezo a sentir el incesante caminar del cuerpo, una maraña de pensamientos desbordan la mente, pero la consciencia de observador esta aun intacta, siendo consciente de que el sujeto observado es el mismo observador, tomo el mando de observador y observado y vuelvo a la unidad, detengo el incesante caminar de mi cuerpo físico.

Detener el cuerpo en el espacio no ha sido suficiente para evitar sentir la ansiedad observada durante el desdoblamiento, respiro, respiro, respiro; intento que la mecanicidad de mi respiración se rompa para hacer del acto vital de inhalar y exhalar aire un acto consciente, inhalo profundo…, exhalo…, hago esto una y otra vez.

Empiezo a escuchar los sonidos que me rodean, cierro los ojos y comienzo a sentir como el aire entra y sale por mis fosas nasales, como mi cuerpo cambia de forma con cada inhalación y exhalación; los sonidos exteriores empiezan a parecerse al silencio.

Con los ojos cerrados encuentro que estoy un poco más sensible, no pienso, siento; no juzgo, observo; empiezo a sentir que la inquietud experimentada al inicio estaba ligada a la maraña de pensamientos.

Progresivamente la maraña se va deshaciendo, voy reconociendo en la maraña elementos que no me pertenecen pero que he tomado como propios: cultura, educación, ideologías, creencias, teorías, apegos, entre muchas otras cosas que hasta el momento funcionaron como filtro para aceptar o rechazar nuevas experiencias, para darle nombre a factores externos o internos, para explicar sucesos inteligibles como también misteriosos.

Observarme, sentirme, no juzgarme, respirar conscientemente, escucharme, olerme, saborearme, actos que me ayudan a comprender aquí y ahora la raíz de mi intranquilidad, actos que me ayudan a observar que mi intelecto está diseñado para darle certeza a la incertidumbre, a mi intelecto no le agrada la imprecisión, él busca dar respuesta a todo, no lo juzgo se que esa es su función, sin embargo, observo que lo he puesto sobre un pedestal y todo ha sido consultado en primera instancia a él, por lo que al ponerlo en la difícil tarea de poner en palabras un posible significado para arte, amor y vida, hace un enorme esfuerzo por tratar de traducir en un discurso lo que solo se puede dar a entender por las experiencias.

Al ver la dificultad, mi intelecto se siente retado y comienza a jugar con todas sus cartas, incluso saca las que están bajo la manga, para lo cual utiliza como apuesta toda mi energía, logrando así, que me desgaste inútilmente como se desgasta un perro cuando se persigue la cola, en el momento en que intento darle una ayuda al intelecto consultando a mi sentir, se reniega y empieza a citar autores, a presionarme para buscar información verídica y comprobable y así me hace olvidar de mi sentir y como consecuencia me sumerjo en el mundo de los pensamientos, y yo tratando de encontrar una definición «verídica» para arte, amor y vida, que además de ser fidedigna de acuerdo a las exigencias del intelecto sea juste a mi realidad vivencial me voy enredando cada vez más hasta crearla gran maraña que me ocupa durante algún tiempo.

En mi búsqueda por complacer al intelecto con respuestas certeras acerca de lo que puede ser el arte, el amor o la vida, al recurrir a textos realizados por otros seres humanos descritos como expertos en cada tema, encuentro que muchos coinciden con mi visión de lo que puede ser el arte, el amor y la vida, no obstante también hay muchos con los que no estoy de acuerdo. Aun con quienes coincido, siento que han logrado obtener su noción
sobre arte, amor y vida desde la glorificación del intelecto, pues sus definiciones en muchos casos se hacen bastante complejas y aunque por su complejidad seducen y prometen satisfacción a mi ego intelectual, no me siento del todo participe de dichas definiciones, lo cual me lleva a pensar que es utópico encontrar una definición que pueda tomar como concluyente en mi búsqueda.

Paso seguido empiezo a conversar con varias personas para intentar encontrar una salida a la maraña que he creado en mi mente, y encuentro varios tipos de respuestas, que van desde las más técnicas (de nuevo citando a otros seres humanos supuestamente expertos), pasando por lugares comunes, hasta la imposibilidad de poner en palabras la experiencia con conceptos tan abstractos.

Detengo mi búsqueda, respiro de nuevo y comienzo a sentir un fuerte dolor de cabeza. Aprovecho el dolor para experimentarlo de manera consciente, trato de definir la palabra dolor con base en lo que estoy experimentando y encuentro muchas palabras que me ayudan a acercarme conceptualmente a lo que siento, sin embargo no me aproximo del todo a las sensaciones percibidas, por curiosidad busco en internet definiciones de dolor y encuentro que se asemejan a mis acercamientos conceptuales pero tampoco abarcan totalmente mi sentir.

Con mi dolor de cabeza sigo respirando y con cada inhalación y exhalación se va alejando mi necesidad de poner en palabras mi sentir, simultáneamente me percato de que la respiración me invita a sentirme aún más y a bajar del trono al intelecto. Así, privilegio mi sentir y me doy cuenta de que el dolor de cabeza me da claridad acerca de la importancia de lo que siento, desde el sentir empiezo a observar la búsqueda que antes guiaba el intelecto y advierto que dicha búsqueda no tiene sentido, por lo menos para mí. Hago una juiciosa evaluación de los resultados obtenidos por mi intelecto al indagar a otros (personas o textos escritos por personas) y sin descalificar ningún punto de vista observo que absolutamente todas las definiciones de arte, amor y vida provenían de la subjetividad de cada persona con la que hablaba.

Mi sentir me invita a indagar en mi subjetividad, comienzo a comprender que es un despropósito tratar de identificarme a cabalidad con la definición que tienen otros acerca del arte, el amor o la vida. Sigo respirando y agradezco al dolor de cabeza, pues me ayudó a comprender que para poner en palabras una experiencia de la manera más honesta, es necesario e indispensable vivir en carne propia dicha experiencia, de lo contrario las palabras que describen los conceptos que deben ser experimentados no son más que palabras muertas, que aunque satisfagan el ego del intelecto no hacen sino seguir teorizando en vano.

La respiración me hace consciente de que mientras intentaba descifrar arte, amor y vida desde el intelecto, el arte, el amor y la vida, estuvieron siempre habitando en mí, esperando que yo los experimentara, pero el intelecto quiso pensar, analizar, explicar, conceptualizar, especular, preocupar, calcular, medir, juzgar y presumir, distrayéndome de la experiencia del arte, el amor y la vida. Empiezo a hacer consciencia del arte,el amor y la vida en la subjetividad de mi experiencia y sin invalidarla subjetividad de otros, procedo a legitimar (para mi) mi propia posición frente a dichos conceptos y a darme cuenta que por ser yo quien los experimenta soy quien tiene la verdad sobre estos (para mi), pues no puedo tomar como experiencia propia la experiencia de otros, por lo tanto no puedo pretender que mi verdad sobre estos conceptos sea la verdad para otros, como tampoco que la verdad de otros sea mi verdad, así mi intelecto viciado categorice a los otros como dueños del conocimiento.

De esta manera descubro, que soy yo quien le da sentido al arte, al amor y a la vida, y estos no pueden ser algo que no tenga sentido para mí. Sigo respirando para encontrar en mi sentir las palabras que expresen el sentido que tienen en mí el arte, el amor y la vida. Es difícil no recurrir a lugares comunes, pues aunque ahora privilegio al sentir sobre el intelecto, este último aun lucha por volver a protagonizar invalidando al sentir, por lo que al pensar en la vida, incurro en el lugar común de definirla como un camino (que no está mal pero no es el lugar común que recoge mi punto de vista). Los tres términos son bastante abstractos, los siento como un misterio, como magia.

La vida la siento como un gran misterio, una oportunidad para SENTIR quien soy yo, como un estado infinito que no acaba con la muerte, siento que no se reduce a nacer, crecer, reproducirse y morir. Es un proceso que solo se conoce experimentándolo de igual manera que la muerte, no siento la muerte como oposición de la vida, la siento como una parte más avanzada del proceso, aunque me genera gran curiosidad no veo mucho sentido en profundizar en la muerte, pues perdería tiempo VITAL para SENTIR especulando sobre algo que no conozco. No busco el sentido de esta en dogmas, creencias ajenas, o religiones, siento que me perdería la experiencia de vivir y hallarle mi propio sentido, sin condicionamientos ni patrones de conducta. Veo la vida como una posibilidad de crear, transformar, formar, deformar, a mi antojo, como arcilla para ser modelada con felicidad y sencillez. La vida es una celebración. Un ritual. Es una cocina. Servir.

Siento el amor como la magia que hace posible la vida, como el combustible indispensable para seguir vivos. Un estado de consciencia, el mejor estado de consciencia. Es la banda sonora de la vida, el recordatorio de que soy una partícula que hace parte del todo y que tengo necesidad de conectarme con el TODO porque soy parte de él. Siento el amor como una fuerza universal, que como la ley de gravedad nos mantiene atraídos a la tierra, el amor nos mantiene atraídos con el todo. Es la magia que nos permite disfrutar el aquí y el ahora, que nos motiva a crear, transformar, formar, deformar para generar bienestar y armonía conmigo y con el todo. Es cocinar para mi familia. Servir.

El arte es mi posibilidad de hablar sin hablar, de hacer magia en mí y en otros. Es vivir. A veces es vomitar y purgar lo que no sirve, a veces es no hacer nada. Es permitir que la vida pase sin quererla atrapar. Es la posibilidad de tomar caminos erróneos y descubrir que en estos hay belleza, es reconocer la perfección en todo. Es el sazonador de la existencia, es un ritual. Es el camino que toma mi vida para crear, transformar, formar y deformar la realidad a su antojo. Es la sonrisa de mi familia cuándo cocino para ellos. Servir. Es destinar mi potencial creativo en perpetuar la vida.

De nuevo me doy cuenta que para ser más claro con lo que son estos términos para mí, debo intentar describir mi vida, debo hablar de mi arte.

 

Alejandro Bohorquez - La nueva Bagatela

Escrito por Alejandro Bohorquez  

Fragmento de la tesis «ORDINARIO»

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